Poesías para el Día de la Madre

Para aquellos de vosotros que amáis la poesía, hemos escogido algunas pensando en el Día de la Madre. Muchas tratan de la íntima relación, recuerdo ya de nuestra más tierna infancia, de Madre y sus flores.

Carta a mi madre
Miguel Ángel Menéndez Reyes
(¡Gracias Fer!)

Diciembre de 1926

Madrecita linda:

Todos mis cariños se dispersan,
y todos mis rosales se deshojan,
y todas las fragancias se me alejan.

Sólo me quedas tú, piadosa y blanca,
como nombre de amor entre mis quejas,

como hilo de agua en el desierto,
como rosa de luz entre la selva…

Eres igual a un árbol cuya fronda
llena de nidos nos protege y canta.

Madrecita linda:

Tus lágrimas se han vuelto gemas;
deja que las engarce yo

en el hilo de oro de un poema
y hacer así un collar para tu amor.

Infancia:

El delantal atado a tus caderas,
tus manos espumosas de jabón

jabonando mi pecho de manera
que lavabas el propio corazón.

Corazón de muchacho pendenciero
que odiaba a cura y sacristán, y quiso

hacer de ellos aves de mal agüero

sin maternal permiso,
ganado seis azotes en el cuero.

¡Madrecita linda!…
¡Si te quiero mucho!…
¡No me pegues más!…

¡Muchachito lindo!…
¡Yo también te quiero!…
¡Déjame pegar!…

Y el diálogo a voces:
una de amenaza, otra de rogar,
terminaba siempre con beso y promesa
de eterna humildad.

¡Aroma de maíz recién molido!…
el humo de las viandas… ¡Mesa puesta!…
Mi madre tiene corazón de nido
y en él dormí, para soñar, la siesta.

Los pájaros, el agua, la lejía,
la ropa a componer, todo tenía
en su rutina gris una alegría…

Con el oro del sol que se ponía
troquelamos monedas deslumbrantes,
y en platino de luna que caía
montamos los diamantes

de tus mejores besos, madre mía,

dulce como la miel de los panales
y buena como el pan de cada día.

Tus manos eran hadas, nos vestían.
Tu plegaria era luz: nos alumbraba.
Y música tus besos: nos dormían
al calor del amor con que besaban.

El Colegio.

Ojiverde, ceñudo… Flaco… Gallo
de “troya”, “trompis”, “pútzes” y béisbol,

que puso “media luna” al “papagayo”,
soñando herir al sol,

y correteaba al tren ciego de humo,
furia en los ojos y guijarro en mano,

para volver, sangrante y taciturno,
por la fuga del tren y del guijarro.

¡Faroles de Izamal que me sirvieron
para afinar el tino de mi piedra!…
¡cristales que prendieron
sus pupilas opacas en la hiedra!…

1 más 2… 3 burros… X… Z…
La cruz del alfabeto que es aún

como agobio mortal… Y la palmeta…
Y el espanto… ¡Fuera de clase, tú!…

Me hiciste un traje igual al del muchacho rico
que un día, en clase, se alejó del banco

y me llamó “borrico”
porque iba remendado mi trajecito blanco…

¡Y esa otra vez!… ¡Al recordarla vibro!…
¡Como te pusiste a llorar

porque en casa no había para comprarme un libro
y porque no tenía yo ganas de estudiar!…

En el viejo cansancio pueblerino
balbucí mis primeras tonterías
en versos que enseñabas al vecino,
leías, me mirabas y reías…

Reías con no sé qué de venturoso
de plácido, de dulce, de amoroso,
mostrándome los dientes apretados
y blancos, blancos, blancos…

Con tu sonrisa limpia me alentabas,
madre siempre tan buena,

crucificada en tu sagrado nombre,

¡crucificada en la ilusión suprema
de ver un beso transformado en hombre!…

Mi juventud.

Probó mi labio el filo de la copa
y mi rumbosa juventud sensual
bebió sangra de amor en otra boca,
ciega de cielo, y loca, y pasional.

Amé el instinto de hacer el mal… La tropa
de juventud me hizo su general
porque no conocía la derrota
en el águila o sol de lo fatal.

Verlaine… Ovidio… Byron… Baudelaire…
Humo de ensueño… Formas de mujer…
¡
Y de cada pecado hice una flor!…
Beber… Besar… Caer… De boca en boca,

De dolor en dolor, de roca en roca…
¡Pero pude salvar tu dulce amor!…

Ausencia.

En la ausencia aprendí que tu nombre
es el sol que deslumbra y asombra
los azules caminos del mar!…

Y aprendí que tu nombre es el ritmo
de todo cantar!…

Y aprendí que tu nombre es la clave
de la humanidad!…

Sendero y mar… Virtud y amor…
Aroma y luz… Estrella y flor…
¡Madrecita del alma, tú eres Dios!…

1927

Tu frente blanca y noble -mi nido de consejos-
y tu seno –mi punto de partida-
lívidos quedaron en la hora
en que estando ante ti, no me veías,
en que estabas ahí, y ya no estabas.

Arrodillado junto a ti, sediento
de la última palabra,
creyó mi pensamiento
mirar que tu alma blanca se elevaba.

¡Tus alas blancas al azul!…

Yo, que creía en el cielo
porque el cielo eras tú,

sentí que el cielo se cambiaba
de la tierra al azul…

¡Sentí que todo se quedaba muerto
porque todo eras tú!
¡sentí que todo se quedaba obscuro
porque tú eras la luz!…

Y yo, que soy un beso de tu labio
besé tu frente por decir adiós,
cual si hubiera querido defenderte
de todo lo inhumano: de la muerte

del destino, de Dios…

de todo lo que tuvo la fiereza
de tronchar este amor.

**

La Cruz, árbol que lleva veinte siglos
de abrir los brazos y esperar en vano
que resucite el símbolo,

parece florecer sobre el sepulcro

cuando arrodillo mi dolor y pienso
que el concepto de Dios murió contigo.

Postdata.

Si yo pudiera, madre, volvería
a mi polvoso pueblo solitario,
donde el arco voltaico es un milagro
que no revela el siglo todavía…

¡Volvería a mis cerros!… Volvería
al bravo henequenal que alza su espina
cual si esperara un díaclavarla
¡al fin! , en el azul del cielo…

para buscar, junto al brocal del pozo,
tus brazos espumosos de jabón,
y suavemente

darte mi corazón
para que lo lavaras nuevamente.

A mi Madre
Zacarías Palacios

Era una figura santa.
Era hecha de cristal:
frágil como violeta y que guardaba un rosal,
cuajado de flores blancas.
Es una imagen sagrada que adorna mi corazón,
y florece mi emoción.
Era un botón de mujer.
Violeta de vergel,
sembraba el hogar de rosas.
Cual heroína ardorosa
esparció a todos su fe
y nos enseñó a creer.
Esta es mi madre bendita
a quien ofrezco caricias
y este sencillo cantar.
Nunca la podré olvidar
Porque me enseñó a aprender,
porque me enseñó a querer,
porque me enseñó a rezar
y también me enseñó a amar
Fue frágil como un cristal,
y fuerte como un coral.

Ven, Madre, a descansar…
Marilina Rébora

Ven, madre, a descansar de todos tus trabajos
hasta el jardín umbroso que cultivo en mis sueños,
a la luz de luciérnagas y áureos escarabajos
y la mágica ayuda de esos seres pequeños,
los gnomos, que se visten con trajes escarlata
y brotan cuando alumbran las primeras estrellas,
que usan zapatitos con hebillas de plata
sin dejar en el musgo la marca de sus huellas.

Cantarán para ti la cigarra y el grillo,
ocultos entre hiedras, glicinas o jazmines.
Y con las hojas muertas haremos un castillo
con muros almenados en oro y amarillo,
hasta que se deshaga por sobre los jardines
(en tanto la cabeza sobre mi hombro inclines).

Cuéntame un cuento Madre…
Marilina Rébora

Madre: cuéntame un cuento de ésos que se relatan
de un curioso enanito o de una audaz sirena;
tantos que de los genios maravillosos tratan.
Esas lindas historias que conoces. ¡Sé buena!

Dime de caballeros que a princesas rescatan
del dominio de monstruos —dragón, buitre, ballena—;
donde nadie se muere y los hombres no matan,
historias en países que no saben de pena.

Cuéntame un cuento, madre, que me quiero dormir
escuchando tu voz, asido de tu mano;
como Hansel y Gretel, seré en sueños tu hermano,
aunque en sombra andaremos tras de la misma senda
y escribiremos juntos nuestra propia leyenda,
y, tal vez, como chicos, dejarás de sufrir.

Madre
María Dolores Ouro Agromartín

Madre,
¿quién conoce su valor
hasta que se pierde?

Madre,
Preciosas letras que,
Percibiendo el cariño y ternura,
Balbucea el bebé.

Madre,
Tú siempre ahí,
Tus desvelos,
Tus angustias,
Tus noches de insomnio
Parecieran cobrar el precio
De los días de ensueño,
Pero tu amor sin límites
No pone tiempo al sufrimiento.

Madre,
Siempre dispuesta,
Siempre amante,
Un apoyo constante,
Cerca y lejos,
Siempre al alcance.

Madre,
Un año más ha pasado
Y en tu rostro se dibujan
Los primeros surcos de la edad,
Pero esos te hacen aún más bella,
Pues el tiempo no pasa
En tu entereza,
En tu corazón siempre amante
Y en tu capacidad de entrega.

Gracias madre, por estar a mi lado,
Gracias madre, por darme todo en tu persona,
Gracias madre, por tu amor constante,
Gracias madre, por tu presencia invariable,
Gracias madre, siempre amiga, siempre amante.

Madre, cuanto tú no estés…
Alí Al Haded

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias
y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

Flor y tallo se acuclillarán sobre la gramilla
en un pésame de marzo
y llorarán las margaritas en abril
y florecerá el lirio junto con el nardo
y tú ¡madre!… ¡tú estarás allí!

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias
y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

La rosa acostumbrada a tus caricias
y al poema de tus manos
no se enamorará jamás de otros dedos
y en una eterna despedida
vistiendo un tul de terciopelo
exudará su néctar más amargo
dejando en él aprisionado tu recuerdo

Y renovará sus pétalos cada primavera
¡oh madre!
y multiplicará sus espinas
(porque el dolor es parte de la vida)
y será la reina de las flores
¡la más bella del jardín!
y lo hará por ti ¡oh madre!
y lo hará por ti

Y el vocero del rocío
en una madrugada ya anunciada
proclamará que tú te has ido
pero el jardín lo negará
¡porque tú serás la rosa!

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias
y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

Caricias
Gabriela Mistral

Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…

Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar…

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar…

El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar…

Si conocéis alguna poesía que os gustaría ver aquí, ¡animaros a dejar un comentario!

Actualización
Laura y Héctor nos sugieren nuevas poesías

Los Reyes de la baraja
Federico García Lorca

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

Del mismo autor no podemos menos que citar esta otra composición

Canción Tonta
Federico García Lorca

Mamá,
yo quiero ser de plata.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá.
Yo quiero ser de agua.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá.
Bórdarme en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!

Las manos de mi madre
Alfredo Espino

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

Mañanitas a mamá
desde Lauderias y más

Muy temprano en la mañana,
antes que saliera el sol,
desperté porque dormido,
ya cantaba esta canción,
que haya música en tu día,
florecitas, luz y sol,
y que sepas que te quiero,
con todo mi corazón.

A mi Madre
Manuel Gutierrez Nájera
(otra vez gracias Fer)

¡Madre, madre, si supieras
Cuántas sombras de tristeza
Tengo aquí!

Si me oyeras, y si vieras
Esta lucha que ya empieza
Para mí!

Tú me has dicho que al que llora
Dios más ama; que es sublime
Consolar:

Ven entonces, madre y ora;
Si la fe siempre redime,
Ven a orar!

De tus hijos el que menos
Tu cariño merecía
Soy quizás;

Pero al ver cual sufro y peno
Has de amarme, madre mía
Mucho más.

¡Te amo tanto! Con tus manos
Quiero á veces estas sienes
Apretar!

Ya no quiero sueños vanos:
Ven ¡oh, madre! que si vienes
Vuelvo a amar!

Sólo, madre, tu cariño.
Nunca, nunca, se ha apagado
Para mí!

Yo te amaba desde niño;
Hoy la vida he conservado
Para tí!

Muchas veces, cuando alguna
Pena oculta me devora
Sin piedad,

Yo me acuerdo de la cuna
Que meciste en la aurora
De mi edad.

Cuando vuelvo silencioso
Inclinado bajo el peso
De mi cruz,

Tú me ves, me das un beso
Y en mi pecho tenebroso
Brota luz!

Ya no quiero los honores;
Quiero sólo estar en calma
Donde estás;

Sólo busco tus amores;
Quiero darte toda mi alma
Mucho más!

Todo, todo, me ha dejado;
En mi pecho la amargura
Descansó;

Mis ensueños me han burlado,
Tu amor sólo, por ventura
Nunca huyó!

Tal vez, madre, delirante,
Sin saber ni lo que hacía
Te ofendí.

¿Por qué, madre, en ese instante,
¿Por qué entonces, vida mía.
No morí?

Muchas penas te he causado.
Madre santa, con mi loca
Juventud.

De rodillas á tu lado
Hoy mi labio sólo invoca
La virtud.

Yo he de ser el que sostenga
Cariñoso tu cansada
Ancianidad.

Yo he de ser quien siempre venga
A beber en tu mirada
Claridad.

Si me muero — ya presiento
Que este mundo no muy tarde
Dejaré,

En la lucha dame aliento,
Y á mi espíritu cobarde
Dale fe.

Nada tengo yo que darte;
Hasta el pecho se me salta

De pasión:
Sólo, madre, para amarte
Ya me falta, ya me falta
Corazón !

Mel Daniela nos deja en un comentario una poesía que nos ha gustado ¡mucho! Gracias Mel.

Nadie como ella
de mañana, tarde y noche,
siempre a mi lado te veo,
velando sobre mi vida sin
descansar un momento.

¿Cómo haré para pagarte,
a tí, que nunca has pedido
más recompensa que un beso?

¿Cómo haré para pagarte,
Madre, si yo nada tengo ,
y lo que tengo no es mío
pues todo a tí te lo debo?

Pídeme lo que quieras
que siempre pedirás menos
de lo que tú te mereces
y de lo que te debo.

 

Flores para el Día de la Madre

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