Poesías para el Día del Padre

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La moderna asignación de un día especial para recordar a nuestros padres se atribuye a Sonora Smart Dodd. Su padre, veterano de la Guerra Civil, enviudó quedándose al cargo de seis hijos. Sonora pudo reconocer con claridad la fuerza y dedicación de su padre al criar a todos sus hijos solo. Con esta celebración Sonora quería destacar el importante papel del padre en la sociedad, en la educación y formación de valores de sus hijos. En 1910, en Spokane, Washington, se celebró el primer Día del Padre como hoy se conoce.
Desde entonces, llevar una flor es la forma tradicional de celebrar el Día del Padre. Sonora dedicó la rosa roja para honrar a padres aún vivos, y cualquier tipo de flor blanca para honrar la memoria de padres fallecidos. J.H Beringer, quien también promovió estas celebraciones desde los inicios en Washington, eligió la lila como la flor del Día del Padre.
Os dejamos a continuación una selección de poesías especialmente elegidas para la ocasión.

CANCION PARA ARRULLAR A UN PADRE (BEATRIZ ZULUAGA, 1933)

Ahora que a tus años te has vuelto tan pequeño
Puedo llevarte en el cuenco de mi mano,
Mano-abrigo, mano-nido que recoge
tu ritmo ya cansado.
Y cuento tus latidos padre-pequeño ahora
Como yo fui pequeña y también anhelaba caber
en el puño de tu mano.
Te llamo y no puedo desligar tu memoria
del árbol, de la rama, del fuego,
de mi primer vocablo, de la bruja y el hada.

Tu estatura entonces copaba entera
La puerta de mi alcoba y de mi alma.
Pero cuando ya estás cansado
y se encogen tus carnes y tus nervios,
pero crece tu corazón, casi no necesito hablarte
sino sentirte, si, simplemente sentirte
para llegar allí donde nace tu anhelo,
donde teje Penélope el recuerdo.

Porque tú y yo estamos hechos de memorias
y los dos estuvimos unidos al mismo cálido cordón
umbilical de mi madre.
Y somos guardadores de sueños,
constantes vigías del pasado,
somos los centinelas de otros días,
los recogedores de ecos,
los cazadores de nostalgias.

Todo lo que tenemos nació en la misma casa
al calor de las mismas frazadas
sobre la misma mesa
donde tú con tu mano de padre
nos diste a todos el vino, el pan
y el agua clara.

MI QUERIDO, MI VIEJO, MI AMIGO

Esos tus cabellos blancos, bonitos
ese hablar cansado, profundo
que me lee todo lo escrito
y me enseña tanto del mundo.

Esos pasos lentos que ahora
caminando siempre conmigo,
ya corrieron tanto en la vida
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Esa vida llena de historias
y de arrugas marcadas por el viento,
recuerdos de antiguas victorias
son lágrimas lloradas al viento.

Tu voz dulce y serena me calma,
y me ofrece refugio y abrigo,
va calando dentro de mi alma,
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Tu pasado vive presente
en las experiencias sentidas,
y en tu corazón consciente
de las cosas bellas de la vida.

Tu sonrisa franca me anima
tu consejo sabio me cría
abro el corazón y te digo
mi querido, mi viejo, mi amigo.

Yo, te he dicho casi todo,
y casi todo es poco,
frente a lo que yo siento.

Mirando tus cabellos
tan bonitos
abro el corazón
mi querido, mi viejo, mi amigo…
Mirando tus cabellos
tan bonitos
abro el corazón
mi querido, mi viejo, mi amigo…
Mirando tus cabellos
tan bonitos
abro el corazón
mi querido, mi viejo, mi amigo…

PATERNIDAD (Porfirio Barba Jacob, 1883-1942)

Un viejo triste, huraño, sórdido,
cruzo mi tierra maternal.
Tras lo turbio de sus pupilas
hallé tan sólo ruindad.
¡Cuan malo es! -dije en mí mismo-
¡que no le vea nunca más!
Si no reprimo mis cóleras
los perros le voy a azuzar.

Después -¡oh hermosura de la vida!-
de aquel horrible hombre en pos
iba un niño por el sendero,
y en el sendero una flor.
Un vaso de agua con voz pura
me pidió por amor de Dios;
tembloroso y lleno de lágrimas
dije: -¡Por amor suyo te lo doy!

Era aquel niño vivo y fino
y lindo cual lirio de abril;
a través del cristal yo veía
de su boca el puro rubí.
-Pequeñuelo, te doy mi granja,
mi pan, mi afecto: mora aquí.

-Mi viejo padre gana el pan de cada día
y es dichoso en mi amor.
Yo comprendí…

¡Oh plenitud! Y desde entonces
a ningún padre odio jamás;
toda miseria le redime
una corona paternal.
Quien tiene un niño sublima el mundo
y lo nutre de eternidad!

EL PADRE! (Héctor Rojas Herazo, 1921-2002 )

Era una sombra,
la vaga referencia
de un retrato en la pared,
la ausencia de su amonestación
entre la infancia.
Miraba lentamente sus arrugas,
(las tocaba)
sus ojos que seguían adivinando mis ojos
y aquella amable cólera que rizaba su frente.
El silencio lo volvía una cosa viva,
alguien que estaba allí, que seguía padeciendo,
que buscaba en mi sangre, en su sangre,
prolongar un enigma que viajaba en sus venas.
Acá, del otro lado del retrato,
el día eran los almendros,
las hojas en el polvo,
el tedio con el lijo de sus plumas de oro.
Y allá sus duros ojos, su ondulante cabello,
su corbata y sus labios comidos por la muerte.
Padre, decía entonces, soñaba entonces, suplicaba
entonces,
padre mío,
no te olvides de mí, no me abandones.
No olvides que te miro y espero.
No te olvides de ti olvidando a tu hijo.

PADRE, LO QUE MÁS DUELE… (MARUJA VIERA, 1922- )

Padre, lo que más duele de tu ausencia
es no poder hablarte.
Todo esta igual en esta casa tuya
y la música invade
la armonía tranquila del domingo y la lluvia.

Se ríe exactamente igual que si estuvieras.
Todavía la madre tiene dulces los ojos
y el hermano sonríe con la misma sonrisa
y la hija te busca, para contarte sueños.

Exactamente igual sería, pero callas.
Lo más definitivo de tu ausencia, lo duro,
es no poder hablarte. Sabiendo que no escuchas
sentimos que perdieron su objeto las palabras.

Hasta el nombre del niño pierde un poco de lumbre,
porque no está en sus letras tu voz dulce de abuelo.
Y de pronto nos hiere, por tu rostro disperso,
tu rostro que te copia, suavemente pequeño.

Todo está igual y ahora yo no encuentro mis pasos
y la música vuelve sin llegar a tu oído.
Sobre la mesa el pan ya no aguarda tus manos
y está el papel en blanco y están quietos los libros.

Maeterlink nos enseña que cuando recordamos
a los que ya se han ido, nos ven llegar a ellos.
Esta mañana tibia te buscan mis palabras
y mi amor infinito, mas allá del silencio.

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